Tenemos un desafío cada día para iniciar la jornada de trabajo con la motivación adecuada (la positiva) y contagiar a las personas que dependen de nosotros para que también vayan con motivación y entusiasmo.
Para hacer muy bien este propósito primero tú debes estar motivado y entusiasmado, pero ¿quién motiva al motivador? Él mismo tiene que hacerlo. Tienes que encontrar diferentes maneras de motivarte y mantener el entusiasmo para que esté siempre en alto y en los niveles apropiados.
Si las personas con quienes trabajas no se entusiasman entonces no puedes pedirles que inicien sus actividades. Si así van a trabajar pueden causar un gran daño.
Tienen que modificar sus pensamientos, experiencias y actitud, actuar con un genuino interés en el cliente y compartir las cosas positivas con los demás.
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