Una fábula muy conocida, con una enseñanza para el mundo de los negocios y el desarrollo personal, sobretodo para la resolución de problemas.
Cuando se trata de planificar, hazlo como la tortuga, despacio. Toma decisiones lentamente, haz consensos, revisa todas las opciones y evalúa los posibles resultados.
Tu plan debe estar detallado y toma en cuenta los recursos y las opciones que tienes.
Cuando se trata de implementar, hazlo como la liebre, rápido. La velocidad en este momento es importante. Qué tan rápido ejecutas tu plan va a ser una diferencia notable en tus resultados.
Si tienes un buen plan pero lo ejecutas lentamente es posible que falle o que no responda adecuadamente.
La clave está en la rapidez de la ejecución de tu plan.
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