Una persona que niega las cosas buenas, que niega que algo se puede mejorar, que se conforma con lo que tiene y que no piensa es progresar, definitivamente esa es una mente cerrada.
Esta forma de actuar, generalmente, no tiene ninguna utilidad.
La esperanza es diferente. Cuando tienes esperanza en que las cosas van a ser mejor el día de mañana, todo cambia a tu alrededor.
Recuerda que cada uno de nosotros construye la realidad en la que vivimos, y la construimos inicialmente con nuestros pensamientos. Son estos pensamientos sobre todas las cosas que nos rodea los que construyen y determinan la realidad en la que te encuentras en este momento y la que vas a vivir el día de mañana.
Por esta razón es indispensable que tu mente esté abierta a nuevas formas de progresar, de mejorar, de evolucionar hacia una nueva concepción.
No puedes querer que todo mejore sin que se den ciertos cambios.
El cambio es inminente. El cambio es lo más seguro que va a pasar, siempre.
Entonces tu mente no puede estar cerrada. Si esta cerrada le va a costar mucho adaptarse a los cambios.
Una mente abierta, ágil y flexible está preparada para los cambios.
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